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miércoles, julio 01, 2009

El Problema Mundial de las Adolescentes Embarazadas


Por desgracia, no todas las madres adolescentes cuentan con el apoyo de su familia ni ven las cosas con tanto optimismo. De hecho, muchas enseguida se hallan atrapadas en las garras de la pobreza, sin escape aparente. Algunas incluso deben afrontar las secuelas del abuso sexual o físico.

A su vez, tales problemas afectan a los bebés, que “por regla general nacen con menos peso, padecen más enfermedades infantiles, tienen mayor índice de mortalidad, reciben peor atención médica, sufren más hambre y desnutrición, están expuestos a más violencia y se desarrollan con más lentitud” (Teen Moms—The Pain and the Promise [Madres adolescentes. El dolor y la promesa]). Además, en el caso de que sea una niña, es más probable que ella también sea madre en su adolescencia.

¿Cuál es la magnitud de este problema? ¿Cómo pueden estas muchachas superar con éxito el reto de criar a sus hijos? ¿Hay alguna forma de ayudar a las jóvenes para que ni siquiera tengan que pasar por tal difícil situación?

LA VERDADERA
dimensión del problema, calificado por algunos de epidemia, se comprende mejor al observar de cerca las consecuencias del embarazo en una muchacha asustada. Para empezar, los cambios radicales que le esperan incidirán no solo en ella sino también en sus seres queridos.

Los adolescentes se encuentran en una fase que la Biblia llama “la flor de la juventud”, en la cual se intensifican los deseos sexuales (1 Corintios 7:36). Ahora bien, no debemos caer en el simplismo de echarle la culpa a la ausencia de métodos anticonceptivos. Todo indica que entran en juego varias cuestiones sociales y emocionales complejas.

Factores implicados
Diversos estudios revelan que muchas de estas jóvenes provienen de hogares rotos. “Lo único que siempre he querido es una familia normal”, suelen decir. Así pues, las familias disfuncionales pueden ser uno de los factores que propicien este problema. Un programa social de apoyo a madres adolescentes descubrió que a menudo “la relación [de estas chicas] con sus madres es inestable, y con sus padres, completamente nula”. Anita, quien dio a luz a los 18 años, recuerda que aunque tuvo cubiertas sus necesidades materiales gracias al esfuerzo de su madre, siempre sintió el vacío de verse privada de su padre.


Las jóvenes cuyos padres están separados tienen más probabilidad de quedarse embarazadas
A veces, el embarazo es consecuencia directa de una violación. Para algunas de las víctimas, los abusos generan un dolor emocional que quizá se manifieste en el futuro en forma de conducta destructiva. A Jasmine, por ejemplo, la violaron cuando tenía 15 años. “Después de eso —confiesa— caí en conductas autodestructivas. A los 19 me quedé encinta.” El abuso sexual también puede producir sentimientos de inutilidad. “No me sentía digna”, se lamenta Jasmine. Anita, que pasó por una experiencia similar, dice: “Un chico abusó de mí desde los 7 hasta los 11 años. Me odiaba a mí misma y no dejaba de culparme”. Quedó embarazada con 17 años.

Por otro lado, algunas muchachas son víctimas de la curiosidad y del exceso de confianza. Nicole, mencionada en el artículo anterior, admite: “Creía saberlo todo y me consideraba capaz de lograr lo que quisiera. Lamentablemente, también fui capaz de tener un hijo”. Carol, quien fue madre soltera muy joven, experimentó con el sexo por curiosidad. “Pensaba que me estaba perdiendo algo”, confiesa.

La cruda realidad de las adolescentes embarazadas
Aunque los siguientes datos corresponden a Estados Unidos, ilustran bien el problema a nivel mundial.

Cada año, más de novecientas mil mujeres (4 de cada 10) quedan encintas sin haber cumplido 20 años.
Cerca del 40% de las madres adolescentes tienen menos de 18 años.
Los hijos de parejas adolescentes presentan mayores índices de maltrato y abandono.
Solo 4 de cada 10 madres menores de 18 años finalizan la educación secundaria superior.
Casi el 80% de los padres no se casa con la joven madre de su hijo.
Solo perdura un 30% de los matrimonios de madres adolescentes contraídos tras el nacimiento del niño. El índice de fracaso entre los matrimonios adolescentes es el doble que entre las parejas en que la esposa es mayor de 25 años.
Es más probable que los niños de madres adolescentes nazcan con bajo peso o sean prematuros, lo cual incrementa el riesgo de muerte infantil, ceguera, sordera, trastornos respiratorios crónicos, dislexia, hiperactividad, parálisis cerebral, retraso mental y otras disfunciones psíquicas.

Otro factor implicado es el desconocimiento de las consecuencias de la actividad sexual. Según los sociólogos Karen Rowlingson y Stephen McKay, algunos jóvenes británicos “no saben exactamente [...] qué esperar de las relaciones ni qué implica un embarazo”. Hay quienes parecen ignorar la conexión entre relaciones sexuales y embarazo. En un estudio, muchas adolescentes “admitieron que, pese a no haber usado ningún método anticonceptivo, la noticia de que estaban encintas les causó sorpresa e incluso estupor”.


Hay quienes parecen ignorar la conexión entre relaciones sexuales y embarazo
Sin embargo, el factor más influyente es el cambio de actitudes en materia sexual. Vivimos rodeados de hombres y mujeres “amadores de placeres más bien que amadores de Dios” (2 Timoteo 3:1-4). Según las investigadoras australianas Ailsa Burns y Cath Scott, existen “menos represalias sociales, religiosas y económicas contra las relaciones extramatrimoniales”. Tener un hijo sin estar casado ya no representa el mismo estigma que antaño. De hecho, en algunos lugares, los jóvenes consideran a su hijo una especie de trofeo o símbolo de prestigio.

Secuelas emocionales
Lo cierto es que la vida de las adolescentes que se encuentran en esta situación no se parece en nada a las fantasías juveniles. Cuando se enteran de su futura maternidad, pasan por un torbellino de emociones. Muchas experimentan gran conmoción, y también “son habituales los sentimientos de ira, culpa y negación”, según indica la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Juvenil. Negar la realidad es peligroso, pues podría llevarlas a no acudir al médico para recibir el tratamiento que necesiten.

“Me asusté”, recuerda Elvenia, refiriéndose al momento en que vio las consecuencias de su “aventura” sexual. Un buen número de jóvenes embarazadas no tienen a nadie de confianza con quien hablar o están muy avergonzadas para hacerlo. No sorprende que algunas se vean abrumadas por la culpa y el temor. A menudo caen en la depresión grave, como Jasmine, quien admite: “No me importaba lo más mínimo vivir o morir”.*


El embarazo afecta enormemente a la joven y a sus seres queridos

Sin importar la reacción inicial, en algún momento la joven deberá tomar decisiones trascendentales tanto para ella como para la criatura.

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